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Los anticuerpos monoclonales en veterinaria

Los anticuerpos monoclonales han tardado treinta años en saltar de la oncología humana a la clínica veterinaria. Ahora que lo han hecho, nada volverá a ser igual para perros y gatos con enfermedades crónicas.

 

 📝 Redactado por: VetClub.es
 ⏳ Tiempo de lectura: 10-12 minutos
 📌 Temática: salud animal

El mercado de anticuerpos monoclonales (mAbs) veterinarios está pasando de ser un nicho biotecnológico a convertirse en uno de los segmentos de mayor crecimiento dentro de la salud animal. Para un inversor, la tesis principal combina tres vectores: humanización de las mascotas, medicina biológica de precisión y expansión de plataformas de anticuerpos desarrolladas inicialmente para humanos.



La revolución silenciosa que está cambiando la medicina de mascotas


Una tecnología que llegó tarde, pero llegó

Hay avances que llegan con fanfarria —nuevas vacunas, trasplantes pioneros, operaciones quirúrgicas de récord— y hay otros que se cuelan en la práctica clínica casi en silencio, hasta que un día el veterinario de barrio los explica en consulta como si siempre hubieran existido. Los anticuerpos monoclonales de uso veterinario pertenecen a esta segunda categoría. Desde que el primer fármaco de esta clase recibió autorización europea en 2020, la medicina de animales de compañía ha dado un salto conceptual del que aún estamos midiendo el alcance.

La historia de los anticuerpos monoclonales en humanos comenzó décadas atrás, impulsada por el descubrimiento de Georges Köhler y César Milstein —Premio Nobel de Medicina, 1984—, quienes idearon la técnica de hibridomas que permite fabricar en laboratorio anticuerpos idénticos entre sí, cada uno apuntando con precisión quirúrgica a una sola diana molecular. En medicina humana, esa tecnología lleva casi cuatro décadas transformando el tratamiento del cáncer, las enfermedades autoinmunes y los trastornos inflamatorios. La veterinaria, en cambio, llegó tarde a la fiesta: su primera ola de mAbs aprobados apenas tiene cinco años de vida.

Qué es, exactamente, un anticuerpo monoclonal

Para entender por qué esta terapia resulta tan prometedora conviene abandonar por un momento el lenguaje técnico. Imaginemos el sistema inmunitario como un ejército con millones de soldados distintos, cada uno entrenado para reconocer un enemigo diferente. Un anticuerpo monoclonal es como seleccionar uno solo de esos soldados, clonarlo hasta el infinito y lanzarlo en masa contra un objetivo concreto: una citoquina que provoca picor, una proteína que amplifica el dolor articular, un factor de crecimiento que nutre el tumor.

En la práctica clínica veterinaria, estos fármacos se administran mediante inyección subcutánea —en muchos casos una sola vez al mes— y actúan con una especificidad que los antiinflamatorios clásicos no pueden igualar. Al contrario de los corticoides o los AINEs, que suprimen la inflamación de forma amplia con todo lo que eso implica para el hígado y el riñón, los anticuerpos monoclonales se dirigen únicamente a la molécula responsable de un síntoma determinado. El resto del organismo apenas se entera.

Cómo funcionan en el organismo

Los anticuerpos monoclonales son proteínas de la familia de las inmunoglobulinas, diseñadas para reconocer y neutralizar una molécula diana específica. Al unirse a ella con alta afinidad, impiden que desencadene su efecto patológico sin interferir con otros mecanismos inmunitarios. Al degradarse como cualquier otra proteína, no generan residuos metabólicos tóxicos para el hígado ni los riñones.


Los cinco pioneros ya en el mercado


A comienzos de 2026, el contraste con la medicina humana sigue siendo llamativo: más de 160 anticuerpos monoclonales cuentan con autorización para uso en personas, frente a apenas cinco en el ámbito veterinario. Sin embargo, esos cinco representan un cambio de paradigma que ya se nota en las consultas veterinarias de toda España.

El más conocido entre los propietarios de perros es probablemente Lokivetmab (Cytopoint®), un anticuerpo caninizado que bloquea la interleucina-31, la citoquina responsable del prurito en la dermatitis atópica. En el campo del dolor crónico por osteoartritis, la llegada de Bedinvetmab (Librela®) para perros y Frunevetmab (Solensia®) para gatos ha supuesto una auténtica revolución silenciosa en las consultas de animales senior. Los estudios clínicos mostraron que el 43,5% de los perros tratados con bedinvetmab alcanzaron el umbral de éxito terapéutico en el día 28, frente al 16,9% del grupo placebo.

Los 5 mAbs veterinarios aprobados:

Los mAbs veterinarios llegaron tres décadas después que sus homólogos humanos. Ahora tienen prisa por recuperar el tiempo perdido: el dolor crónico, el cáncer y la enfermedad renal del animal de compañía son los próximos grandes objetivos. — Revisión científica publicada en Animals Health, mayo de 2025

El mercado despierta: miles de millones en juego


El sector no ha tardado en traducir este entusiasmo clínico en inversión. El mercado global de anticuerpos monoclonales para salud animal se estimaba en 1.170 millones de dólares en 2025, con proyecciones que lo elevan a 2.510 millones para 2030, lo que supone una tasa de crecimiento anual compuesta del 16,6%. Son cifras que hablan de un sector que se ha tomado en serio esta tecnología y no tiene intención de soltar el freno.

Las grandes farmacéuticas veterinarias lo han percibido. En mayo de 2025, Merck Animal Health anunció una inversión de 895 millones de dólares en nuevas instalaciones de fabricación e investigación en Kansas. Elanco, por su parte, planea ampliar su planta de producción de biológicos en ese mismo estado con una inversión de 130 millones que se completará durante 2026. La industria está apostando fuerte, y lo está haciendo porque los datos clínicos lo justifican.

Tamaño de mercado y crecimiento

Los datos más citados por firmas de análisis sitúan el mercado global de mAbs veterinarios en aproximadamente USD 1.14 mil millones en 2024, con previsión de alcanzar USD 3.3 mil millones en 2030, equivalente a una tasa de crecimiento anual compuesta (CAGR) cercana al 19%.

IndicadorValor
Mercado global 2024USD 1.14 B
Mercado global 2025USD 1.38 B
Mercado estimado 2030USD 3.30 B
CAGR 2025–203019.1%
Región líderNorteamérica (~44% del mercado en 2024)

Fuente: Grand View Research.


La frontera que viene: cáncer, riñón y más allá


Si los primeros cinco mAbs veterinarios han demostrado el potencial de la tecnología en dolor e inflamación, los investigadores ya tienen la vista puesta en un horizonte más ambicioso. Las dos grandes áreas de desarrollo en este momento son la oncología y la nefrología.

En oncología veterinaria, la analogía con la medicina humana es casi perfecta: perros y gatos desarrollan tumores biológicamente muy similares a los humanos, y por eso las clínicas veterinarias avanzadas llevan años actuando como laboratorios naturales para probar terapias que luego migran a la medicina de personas. Los inhibidores de puntos de control inmunitario —una clase de anticuerpos monoclonales que «quitan el freno» al sistema inmune para que ataque las células tumorales— han revolucionado el tratamiento de varios cánceres humanos. Su traslación veterinaria está en marcha y varios candidatos se encuentran en fases avanzadas de investigación.

La enfermedad renal crónica felina, que afecta a uno de cada tres gatos mayores de diez años, es otro campo donde los anticuerpos monoclonales abren posibilidades que los tratamientos convencionales no han podido cerrar. Del mismo modo, las investigaciones sobre resistencia a antibióticos han encontrado en los mAbs una herramienta inesperada: algunos de estos anticuerpos pueden secuestrar los nutrientes que las bacterias necesitan para sobrevivir, creando un entorno hostil sin recurrir a los antimicrobianos tradicionales.


El reto que nadie menciona: el precio


Con toda su promesa, los anticuerpos monoclonales veterinarios arrastran una sombra que los clínicos no pueden ignorar: su coste. La producción de mAbs es un proceso biotecnológico complejo y caro, y eso se traslada al precio final. En muchos países, una dosis mensual de Librela o Solensia supone un desembolso que no todos los propietarios de mascotas pueden asumir de forma sostenida.

El debate sobre la accesibilidad

Los expertos confían en que, a medida que la tecnología madure y el mercado crezca, los precios desciendan por el efecto de escala. La aparición de biosimilares —versiones genéricas de los anticuerpos monoclonales, cuya regulación está todavía en desarrollo para uso veterinario— podría acelerar ese proceso. Hasta entonces, la equidad en el acceso a estas terapias seguirá siendo una conversación pendiente entre la industria, los reguladores y la profesión veterinaria.


Una medicina que aprende de sí misma


Hay algo profundamente interesante en la relación que se ha tejido entre la medicina humana y la veterinaria en torno a los anticuerpos monoclonales. Durante décadas, la transferencia fue casi siempre en un sentido: lo que se probaba en animales, eventualmente llegaba a personas. Con los mAbs, la dinámica se ha complicado de manera fascinante. En oncología, los tumores de perros y gatos sirven como modelos naturales para estudiar la eficacia de inmunoterapias antes de someterlas a ensayos clínicos en humanos. Los animales se benefician de tratamientos más avanzados; los científicos obtienen datos que ningún modelo de laboratorio puede proporcionar.

Esta convergencia es lo que la comunidad científica llama enfoque One Health: la comprensión de que la salud humana, animal y ambiental son inseparables, y que avanzar en una dimensión beneficia inevitablemente a las otras. Los anticuerpos monoclonales veterinarios son, en ese sentido, mucho más que una herramienta terapéutica para nuestras mascotas. Son un símbolo de una medicina que empieza a pensarse de forma verdaderamente integrada.

Cuando la próxima vez llevemos al perro a la consulta y el veterinario nos proponga una inyección mensual en lugar de un bote de pastillas que hay que acordarse de dar cada día, estaremos ante el resultado de décadas de investigación, miles de millones de inversión y un cambio de mentalidad que, como todas las revoluciones silenciosas, habrá llegado sin que casi nos demos cuenta.


Horizontes en investigación y datos clave de inversión


 


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